domingo, 23 de mayo de 2010

ES POSIBLE UNA ETICA CIUDADANA

No cabe duda de que estamos atravesando por una época de mucha confusión en nuestro país y en todo el mundo. No hay consensos reales en las sociedades actuales sobre cuál es el verdadero significado del que hacer económico, político y social, y sobre cómo deben llevarse a la práctica. Estamos en una fase de la civilización en la que las ideas y modos de convivencia que tuvieron cierta vigencia en el pasado inmediato, ya no responden a los nuevos problemas que enfrentamos como humanidad. Todo está pasando tan rápido en el presente siglo que bien podríamos afirmar sin exceso que en nueve décadas hemos transitado al menos por tres fases de avance (¿retroceso?) civilizatorio. En la actualidad convivimos en una misma familia o en una misma ciudad por lo menos tres generaciones con experiencias, percepciones, ¿convicciones?, y visiones de futuro que entrañan importantes diferencias.
Dicho de otra forma, en nuestro país y en el mundo, convivimos personas con diversas mentalidades. Hay quienes ven la vida con mentalidad de civilización agraria, hay quienes tienen mentalidad de civilización industrial, y existen otras que operan ya con visión de civilización cibernética. Los estudiosos de la teoría del conocimiento dirían que conviven en simultaneidad diversas epistemologías, o para decirlo simplemente, en nuestro mundo hay un "babel" de maneras de entender las cosas. Esto tiene muchas implicaciones cuando se trata de hablar de la educación cívica y de la ética comunitaria, ya que nuestras conductas están regidas por nuestros intereses, conocimientos, creencias, habilidades y valores.
Para el propósito de estas reflexiones, entendamos la ética como la serie de conductas que cada persona debe tener frente a sí misma, frente a los demás, y frente a la naturaleza que nos rodea y de la que somos parte esencial.
Conviene entonces hacernos las siguientes preguntas: ¿es realmente posible que todos nos pongamos de acuerdo en las conductas que deben regir nuestras vidas, a pesar de constatar el hecho de que no todas las personas pensamos igual sobre el sentido y valor de la vida?, ¿en dónde se marca la diferencia entre las conductas que debo tener en mi vida comunitaria, independientemente de mi religión, de mis preferencias políticas, de mis capacidades económicas, y del grupo social y cultural al que pertenezco?
Sin duda, es deseable que todos busquemos nuestra propia identidad como personas y seamos congruentes con nuestra manera de pensar; sin embargo, esto por sí solo no asegura la armonía y la paz social, ya que no todos compartimos los mismos valores profundos, ni tenemos las mismas experiencias de vida. Por esta razón, es necesaria la existencia de un ámbito de ideas y de conductas en las que todos debemos coincidir, independientemente de nuestras diferencias. A esto le podemos llamar el ámbito de la ética ciudadana.
La ética ciudadana debe establecer con claridad las conductas a las que todos estamos obligados. Es la agenda común que debemos cumplir para poder ser miembros activos y reconocidos de una comunidad plural, ya que es imposible y absurdo pensar que todos nos debemos poner de acuerdo en todos y cada uno de los aspectos de la vida.
La ética ciudadana señala los derechos que todos debemos exigir, y las obligaciones que todos debemos cumplir, sin importar nuestro sexo, raza, religión, partido político, capacidad económica, profesión, actividad, y cualquier otro aspecto que nos diferencie.
La ética ciudadana nos debe señalar la diferencia entre aquello que nos es propio por pertenecer al ámbito de lo que es estrictamente nuestra vida privada, y aquello que corresponde al ámbito de nuestra vida pública. Es muy difícil entender esta distinción, pero sin duda es muy necesaria para asegurar los equilibrios básicos indispensables en sociedades complejas y plurales como la nuestra.
Es urgente empezar a construir esta ética ciudadana , para poder salir de la crisis económica, política y social que estamos viviendo. Esperar que todos piensen como nosotros es una actitud inmadura y condenada al fracaso. Debemos crear los mecanismos eficientes para que la sociedad dialogue consigo misma, y con ello poder definir y consensar los contenidos básicos de la ética ciudadana.
Para que esto suceda debemos imaginarnos formas y mecanismos novedosos de promover una educación cívica, basada en la ética ciudadana. Como toda la educación auténtica, el punto de partida debe ser el fomento de la conciencia crítica de la persona. La comprensión y el análisis de uno(a) mismo(a) y de todo lo que nos rodea es el eje orientador de nuestro estar en el mundo. Sin esto, no podemos estar en condición de encontrar el verdadero significado de nuestra vida en comunidad, expresado en las formas de relacionarnos con las demás personas.
Sin conciencia de que somos sujetos de derechos y obligaciones no es posible crear una ética ciudadana. Este comportamiento en sociedad debe expresarse en todas las actividades que realizamos. Como personas podemos ejercer diversos roles en diversas etapas de nuestra vida: hijos, padres, estudiantes, profesionistas, empleados, patronos, gobernantes, amas de casa, vecinos, turistas, deportistas, maestros, electores, etcétera. Todos estos roles se expresan necesariamente en diferentes conductas, sin embargo, todas deben estar reguladas por una misma intención y propósito: construir el bienestar individual y el bienestar colectivo.
Educarnos cívicamente es educarnos en la corresponsabilidad. Los problemas que vivimos en nuestro país son de tal complejidad que no podemos esperar que una sola persona, o un reducido grupo de personas, por poderosas, capaces y bien intencionadas que sean, nos brinden las soluciones. Por ello, requerimos una educación cívica que resignifique nuestro quehacer individual y colectivo, en lo político, en lo económico y en lo social.
En este sentido, debemos entender que en los asuntos de interés público todos debemos asumirnos como gobernantes de nuestra propia comunidad; que en los asuntos de economía todos debemos concebirnos como responsables de la producción, conservación y distribución de la riqueza; y que en los asuntos de nuestra vida cotidiana, todos debemos entendernos como miembros de una sociedad civil participativa. "Vicente arredondo R,sepiensa.org.mx"

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LA ETICA ES VIDA PARA LA HUMANIDAD

La importancia de la ética en la actualidad radica en lo que Dussel (2000) denomina el reto actual de la ética: detener el proceso destructivo de la vida. Este autor resalta la importancia de la ética afirmando que ella tiene que ver con la vida y la muerte de la humanidad en el sentido que, si no poseemos un criterio ético, se va a hacer de la vida algo que tienda al suicidio colectivo. Así, el deber ético cambiar las cosas parte de una ética de vida.