miércoles, 14 de abril de 2010

¿De dónde procede el valor ético de las acciones humanas?

Del hombre mismo. Para los griegos y también para Kant, “ser ético es ser humano”, y si se quiere ser humano el individuo debe ser ético. Este planteamiento revela el concepto de “ley natural”. Los filósofos griegos hallaron la fuente de la valoración ética en la “fhysis”, en la naturaleza propia de la persona humana. Así pudieron concluir que cuidar a los hijos es mejor que abandonarlos, que conversar la integridad del cuerpo era mejor que la costumbre de las jóvenes escitas que se cortaban los pechos, que llevar prisioneros a los soldados vencidos era mejor que la ley del exterminio (Aristóteles, Ética a Nicómaco, VII, 5, 1148 b-1149 a). El bien moral coincide con el bien completo de la persona en la medida en que ese bien está en juego en la conducta humana y ha de ser realizado a través de esa acción. La perspectiva del bien de la persona como fin aparece necesariamente ligada a la esencia de la acción libre: querer es abrirse intencionalmente a un fin alcanzable o realizable y ese abrirse es autorreferencial. El bien perfecto de la persona constituye el horizonte intencional de la acción libre.

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LA ETICA ES VIDA PARA LA HUMANIDAD

La importancia de la ética en la actualidad radica en lo que Dussel (2000) denomina el reto actual de la ética: detener el proceso destructivo de la vida. Este autor resalta la importancia de la ética afirmando que ella tiene que ver con la vida y la muerte de la humanidad en el sentido que, si no poseemos un criterio ético, se va a hacer de la vida algo que tienda al suicidio colectivo. Así, el deber ético cambiar las cosas parte de una ética de vida.